Un joven patinador se ha lesionado una pierna. Confinado en su habitación, llama a un fisioterapeuta para que le ayude a recuperarse. Tras un rápido examen, las manos se vuelven juguetonas y tanto el paciente como el médico empiezan a explorar el cuerpo del otro con excitación mutua. La cura parece funcionar... para empezar, el chico se olvida del dolor y disfruta intensamente mientras se concentra en chupar pollas...